La estética del nazismo oscila entre ideas contradictorias: la exaltación de la juventud y la vitalidad junto a la fascinación por el sacrificio y la muerte. Kristina Söderbaum encarnará ambas caras del régimen, siendo su eterno personaje la muchacha bonita que se quita la vida por su país. Precisamente de esta fricción entre lo macabro y la inocencia nacerá su particular erótica.

Portada / Biografía / Presentación / Obra