DORIS DURANTI

(Dora Durante, Livorno, 1917-Santo Domingo, 1995)

 

Destacó en el cine italiano de los 30, 40 y 50 con la aportación de una belleza de sensualidad desbocada, rompedora respecto a los modelos figurativos de la primera etapa del ventennio fascista. Su presencia meridional, provocativa y su carácter sensual convocan los rasgos principales de la diva racial, réplica de la diva solar de los 30, de inspiración hollywoodiense. Siguiendo un principio de magnetismo exótico, sus personajes femeninos plantean prácticas performativas y de mostración del cuerpo alejadas de la sutilidad y de la estética neutra del cine de los teléfonos blancos. Si bien su trayectora demuestra la versatilidad dramática de Duranti en filmes como Cavalleria rusticana (Amleto Palermi, 1939), Tragica notte (Mario Soldati, 1942) o La contessa Castiglione (Flavio Calzavara, 1942), su propuesta queda inmortalizada en el erotismo de Carmela (Flavio Calzavara, 1942) en cuyos fotogramas Duranti inmortalizó con gesto desafiante sus pechos desnudos mostrados abiertamente a cámara. Especializada en personajes exóticos, de carácter y con iniciativa en las relaciones de género, Duranti se convierte en un determinado periodo en la utopía erótica del fascismo, un mito agrandado por los vínculos de la actriz con la jerarquía fascista, y en concreto con el ministro de cultura Alessandro Pavolini, figura a la que se atribuye parte de la promoción de la carrera de la diva, así como la indulgencia de la censura a sus desnudos parciales en escena. Su aura de diva del régimen entorpeció la continuación de su carrera hacia la modernidad de los años 50 y 60, y quizás propició el exilio voluntario de Italia de Doris Duranti, que murió en Santo Domingo a los 77 años, después de casi 4 décadas retirada del mundo del espectáculo.

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