Clara Calamai (Italia)
I pirati della Malesia (Enrico Guazzoni, 1941)
Clara Calamai (Italia)
La cena delle beffe (Alessandro Blasetti, 1942)
Doris Duranti (Italia)
Carmela (Flavio Calzavara, 1942)
Alida Valli (Italia)
La amante secreta (L'amante segreta, Carmine Gallone, 1941)

Archivo gestual Italia

DESNUDOS

BESOS

Isa Miranda (Tráfico en diamantes, 1940)

Assia Norisi (Luna di miele, 1941)

Assia Norisi (Luna di miele, 1941)

Alida Valli  (¡Adiós, Kira!, 1942)

Alida Valli (Nosotros los vivos, 1942)

Alida Valli  (Pequeño mundo antiguo, 1941)

Alida Valli  (Pequeño mundo antiguo, 1941)

Clara Calamai (Obsesión, 1943)

Doris Duranti (La Contessa Castiglione 1942)

Doris Duranti (La Contessa Castiglione 1942)

Luisa Ferida (L'argine, 1938)

Anna Magnani (Quartetto pazzo, 1945)

Isa Miranda (Malombra, 1942)

Lo erótico y lo femenino en el cine italiano bajo el fascismo

 

Documentos: 

-Imágenes de la mujer en el cine italiano de la última etapa del fascismo (Gino Frezza)

Las distintas imágenes de la mujer italiana entre 1939 y 1945  muestran una variedad de formas y de señas de identidad, que reflejan una pluralidad ciertamente difícil de reconstruir. Por un lado, dichas imágenes expresan el estereotipo de mujer firmemente vinculado a normas de vida bien radicadas en la sociedad (que tienen que ver especialmente con la conducta sexual y los roles masculino y femenino) pero, por el otro, proyectan un anhelo de alteridad, dejando al descubierto la aspiración al cambio, el propósito de mudar su condición respecto al presente y al pasado. Rostros, gestos, expresiones y acciones de personajes encarnados por actrices italianas, en el curso de esos siete años cruciales, por un lado reafirman pero, por el otro, subvierten costumbres y esquemas morales; en el comportamiento de dichas protagonistas, tanto las fantasías individuales como las aspiraciones colectivas son sometidas a sincera y profunda revisión (puesto que, aunque no siempre es posible el cambio en el presente, éste debe por lo menos vislumbrarse en el horizonte). El cuerpo de la actriz en el cine es, desde siempre, escenario de inesperadas transgresiones: en la mirada, en las escenas eróticas, en el espacio entre los cuerpos, dentro y fuera del ámbito familiar y, por tanto, conciernen a la sociedad entera. El rostro de la actriz es como el de Medusa: seductor y, al mismo tiempo, petrificante o, como mínimo, capaz de desarmar cualquier intento masculino de dominar su naturaleza femenina. La actriz se sirve de su cuerpo y de su potencial sexual, desencadenando deseos no siempre convencionales o etiquetables. Dicho potencial impulsa a la sociedad a desvelar sus más íntimos secretos y a explorar su lado más oscuro, o simplemente sus impulsos naturales, esas regiones recónditas que rehúyen el control de las instituciones de poder.