La clave pragmática de la censura de los regímenes fascistas fue su sobriedad normativa. Ni en España ni en Italia ni en Alemania se puede hablar de un código explícito de prohibiciones. La sustracción de un explícito libro de instrucciones no fue, naturalmente, a favor de mayor libertad, sino que exacerbó la represión porque todo podía acabar siendo prohibido. Pero mientras la mentalidad censora era contraria a despertar la exaltación de la sexualidad, las películas ejercían sus propios mecanismos de regulación y permeabilidad sutil. Dado que el sistema de actrices de las producciones de las tres cinematografías estudiadas mimetizó la función implícitamente libidinosa que tuvieron siempre los cuerpos femeninos en la llamada fábrica de sueños de Hollywood (incluso con el código Hays totalmente vigente), la exploración de la gestualidad de estas estrellas y los mecanismos de puesta en escena de la representación de su cuerpo, dan cuenta también, inevitablemente, de un determinado imaginario erótico en el cine realizado durante los fascismos. En las películas estudiadas, cuatro estrategias devienen las más repetidas en las tres cinematografías: los besos (a menudo castos y, en España, en número mucho menor que en las otras cinematografías), los desnudos (que en España se resuelven siempre en fuera de campo o en sinécdoque), los bailes o la presentación de la feminidad como un cuerpo agredido y victimizado.

EXPRESIONES DEL EROTISMO, PESE A LA CENSURA