ANA MARISCAL 

(Ana María Rodríguez Arroyo, Madrid, 1923-1995)

 

Es una de las figuras más complejas y poliédricas del cine español del franquismo. En el arco temporal de dos décadas pasaría de ser la actriz más cotizada del cine fascista a la directora de cine más relevante de su época, ejerciendo un rol activo poco común para una mujer prácticamente en cualquier época de la historia de la cultura española. En el paisaje fílmico del fascismo, Mariscal es una estrella de proximidad absoluta al ideario franquista, determinado por su aparición en Raza (J.L Sáenz de Heredia, 1942), film considerado manifiesto del régimen y escrito por el propio dictador. En los años 40 la presencia de la actriz debutante -estudiante de ciencias en esta época- funciona como foco y pantalla reflectante del Eros nacional. A su estilo todavía por definir se une una presencia contundente, de rasgos aristocráticos y mirada altiva, que suponen sin duda el rasgo distintivo del stardom de Ana Mariscal: la nobleza, o, en términos de proyección del ideario fascista, la raza, la entelequia de la patria como realidad impoluta, noble y superior. De presencia afín a la frialdad de la vamp, en los filmes Raza, Vidas cruzadas (Luis Marquina, 1942) y La florista de la reina (Eusebio Fernández Ardavín, 1940) encarna esta altitud de la raza, la autoridad y la altivez de lo noble, conceptos de base frágil  que sin embargo son defendidos con solidez por una presencia de apariencia segura y gesto firme. En ocasiones, las figuras por ella interpretadas dejan entrever la subjetividad elocuente y autoritaria de mujeres movidas por una actriz que ya podría estar madurando en estos primeros años el impulso creativo de una autoría propia.

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